Queda claro que luego de un largo análisis, la Congregación para la Doctrina de la Fe, encargada del caso, ha logrado establecer inequívocamente que las denuncias siempre fueron auténticas. A pesar de ello, la autoridad vaticana decidió renunciar a un proceso canónico contra el sacerdote, teniendo en cuenta tanto su avanzada edad como su débil estado de salud, y se limitó a “invitar” a Maciel a retirarse a una vida privada, de oración y de penitencia, renunciando a todo ministerio público. La piedad cristiana acompaña a los criminales seniles.
Inequívoco es también el mensaje de impunidad que envía la Iglesia, tan comprensiva con los pecados de sus hijos, sobre todo cuando éstos son sacerdotes obispos y cardenales.
Esto no debería sorprender a nadie, ya que fue precisamente Juan Pablo II —hoy en proceso de canonización— quien avaló con su firma y con el escudo de armas pontificio la carta de apoyo y felicitación dirigida al padre Maciel Degollado, publicada el 5 de diciembre de 1994 en los siete diarios más influyentes de la Ciudad de México, y en la cual se ensalzaba al líder de los Legionarios como "guía eficaz de la juventud" y como alguien que había colocado a Cristo como centro y modelo de toda su vida y labor sacerdotal.
Alberto Athié, uno de los impulsores de las denuncias, y quien en 2003 renunció al sacerdocio por la falta de respuesta del Vaticano en el tema, ha hecho esta tarde una de las declaraciones más duras, pero más justas en torno a la decisión: "Se negoció con un criminal".
Los testimonios que hablan de una "doble vida" de Maciel consistente en exhibir una férrea devoción durante el día, mientras por la tarde llevaba jóvenes, "algunas veces dos al mismo tiempo", a su cama, alegando una dispensación de Pío XII para perpetrar sus atropellos, no han sido suficientes para emitir una condena frontal y decidida contra el abuso inmundo y reprobable que ejercen no pocos líderes como Maciel.
No se ha hecho justicia y eso es un hecho cardinal. De no haber sido por los trabajos periodísticos de Salvador Guerrero Chiprés, en La Jornada, del equipo de CNI Canal 40 (ambos en 1997) y el puntual recuento hecho por Carmen Aristegui y Javier Solórzano, en el programa Círculo rojo de Televisa, en 2002, la Iglesia mantendría su silencio cómplice tan característico.
Athié merece una mención especial por su coherencia y por su incuestionable rectitud; como sacerdote, siempre fue parte del sector ejemplar. A él tocó escuchar en confesión a José Manuel Fernández Amenábar, quien ocupara un alto cargo en la Legión de Cristo y quien antes de morir le narró algunos pasajes de las debilidades de Marcial. El padre Athié actuó en consecuencia.
Contrastes. El 11 de mayo de 1997 el arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera, encaró a Salvador Guerrero Chiprés, autor del largo reportaje que sacó todo a la luz. "¿Cuánto te pagaron...?”, le preguntó. Once años después, la respuesta llegó. Esta usted servido, señor cardenal.




1 comentarios:
Consideremos que la obras de maldad parecen siempre no tener su contrapartida en la "justicia", sólo denunciando, afrontando la realidad de la supuesta "debilidad" humana y de la complicidad de una inmoral actitud pobre e "inhumana" se puede justificar estos délitos, una redención es imposible sin aceptar que no hay manera de reparar una daño tal y pretender que reclamar justicia ante tal crimen pueda encontrar opiniones en contra es se complices de lo mismo. El dolor se acumula y crece, y poner esperanzas en humanos que pretendieron ser ejemplo de "moralidad" es tapar el sol con un dedo que se aplique la misma ley cristiana: al que abusase de uno de estos pequeños más le valierá ser atado a una roca demolino y ser arrojado al fondo del mar... si Dios se expresa a través de los que creen en el la justicia debería ser manifestada en la gente sencilla y justa... no dejemos que lobos rapaces nos quiten la paz y actuemos de modo que denunciando demos pruebas y con ellas y los dejemos que sean vistos tal como son... lobos hipócritas disfrazados de obejas.
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